14.7.05

Comfortably numb

Comfortably numb habla de la irreductible concreción de una experiencia-límite que sucede al instante de una ruptura total que rasga la vida: nos entona los acordes de un acontecimiento que sucumbe sin más como un destello deslumbrante, acontecimiento capaz de cimbrar los carriles que significan la percepción de la historia, de dinamitar las formas contenidas en el enraizamiento del ser, y de polarizar las orientaciones políticas en el sentido de la existencia. Esta pieza de Pink Floyd no sólo aparece como un punto de equilibro crítico en el álbum The Wall, sino que logra evocar la fenomenología inconspicua de esa experiencia cuyos horrores metafísicos se extralimitan por la lejanía del cuerpo, horrores que fulminan sin más las redes próximas a la memoria. Esta pieza logra delinear ese acontecer que se dispersa en una nostalgia felizmente alcanzada: no sólo describe en su actualidad el quiebre idealista de una develación siempre afirmada, a partir de una experimentación musical de auto-destrucción sublime y coherentemente ejecutada, sino que incluye significativamente el conflicto histórico de su propia patología: en la manía de la prescripción clínico-cínica que define su inerte negatividad, pero cuyo trasfondo se sostiene en un abismo ineluctable que es a la vez indefinible, un abismo que hace fluir una intranquilidad cuya fortuna es asimismo incomunicable.



Esta pieza pop-musical nos habla de esa experimentación (experience) que sale de la historia y que pone de relieve el vitalismo de un cuerpo reventado en mil pedazos, de un cuerpo cuya esencia chorrea: es la experiencia de una existencia que se ha fragmentado en el cristal de su aparente inocencia, y que ha podido desconocerse a sí misma en el abismo de su propia organicidad. Descrita en su coyuntura y en su misma secuencia catatónica, esta pieza no sólo nos articula y entona el desmembramiento sensorial de ese cuerpo roto ante los pormenores de un ser circunscrito a la gloria inocua de su acontecimiento, sino que lo hace en la circunspección irónica de una terrible y omnipresente procesión diagnóstica, la cual también se presenta gradualmente como el motivo constante de su inerte vaciamiento. De ese modo, nos articula la mirada rapaz de un ojo indiferente cuya figura autoritaria despoja a priori la autonomía propia de ese cuerpo, una autonomía que no sólo define los contornos de la experiencia que lo acontece, sino que los traza en su horizonte de existencia.



Vestida tal vez de blanco, pero embadurnada con la cautela de una aproximación quizá supuesta de cientificidad, y recubierta sea con la propia inercia de un método mezquino y obscuro, sea con la impotencia para discernir lo que ya ha acontecido en ese cuerpo sublimado: esa mirada rapaz nos aventura de inicio al rescate obsoleto de un ser disuelto en su propia intensidad, de un ser perdido en la difuminación de su unidad interna, de un ser de helio sumergido en el vórtice inexorable de su deseo. En los términos que musicalizan su propia articulación, ya desde el primer párrafo de su contenido, el diagnóstico que se proscribe en Comfortably numb apela neciamente por esa unidad primordial, pero nunca sin esgrimir la curva de sus sarcasmos. De inicio, algo irrumpe con su armonía: algo ha sucedido ya desde el comienzo. Algo sucede o comenzaría a suceder. Es algo que de hecho está sucediendo: es el eco-fantasma alargado de una voz que asciende de forma estremecedora, y que nos lanza un terrible saludo...(→)

“Hello…”



Febrero 2002

(actualizado para Filum ©®™)