11.7.05

Sobre el sentido del ser

La conciencia es algo externo, virtual. Es un engaño que se re-crea a partir de un sólo movimiento: el sentido de la percepción en el hombre. ¿Tiene algún sentido el ser?



La respuesta es del todo afirmativa. El hombre es un imperativo mimético del universo, un signo de la creación, la excusa de su representación. Es decir que el hombre representa en su ser al colapso de la creación: con un tiempo en su pensamiento, y con un espacio en su cuerpo: con un origen o principio interno, y con un fin externo. El ser representa el sentido de la creación: es un tiempo que está fusionado con la materia y que genera un cuerpo.



En la creación del universo la materia se colapsa con el tiempo y estalla: fue un flamazo virtual de la relatividad en el cual quedamos inmersos, y por el cual existimos de forma temporal. La materia al chocar con el correoso eje del tiempo empieza a crear un sentido: comienza a girar sobre su propio eje. La materia se combina así por una espiralidad alquímica y humorosa, que re-crea astros y soles. El ser entonces re-crea en su propia química al cuerpo humano, como una fiel huella de la vida, del colapso, del flamazo, y de la muerte cósmica. El espiral tiene en realidad un sentido doble, el cual se compone por un sentido y su consecuente contrasentido: su vaivén da forma a la materia y a la imagen del universo.


En la creación de este universo, el sentido primordial es el que va de afuera hacia adentro: es un sentido de lo inmanente, del ser atemporal que va hacia el microcosmos de su esencia. Bastaría solamente tridimensionalizar la figura del espiral (dándole cuerpo y volumen) para ver que este sentido primordial del ser inmanente se funde asimismo con su esencia: se ve entonces al ser desde su óptica de sentido. No obstante, en la figura plana se ve también que existe un espacio inverso en su introyección humorosa, el cual va de adentro hacia afuera: ahí la materia surge a partir de la inmanencia del ser, y se exterioriza hasta maximizarse en los cuerpos celestes u orgánicos.




Al seguir esta metafísica espiral, se descubre que no es sino a partir del contrasentido del ser que se re-crea la conciencia: ésta surge como una manifestación material de la inmanencia del ser y de su sentido. La percepción del ser sería apenas un valor del contrasentido por la cual la conciencia hace que nos reconozcamos.La espiral de sentido nos hace sentir y significar la vida en el mismo movimiento: en su traslape magnético se da la condición humana. La espiral del ser atrae el acontecer exterior a través del cuerpo: es así una relación de polaridades. De ahí la objetivación que en el ser sólo es posible por la conciencia: al absorber la materia del exterior, el ser se virtualiza en el pensamiento para poder significarla.




Junio 1996
(actualizado para Filum ©®™)