18.9.05

La experiencia del doble vínculo



El enfoque sistémico-formal de Bateson permite entender a la adicción como una acción que se hace recurrente por una lógica manifestada en los vínculos contradictorios que produce el hábito. Estos vínculos expresan una contradicción formal que significa un loop adictivo. Este loop puede entenderse como una alternancia crónica cuya lógica se activa a partir de dos polos: por un lado, a partir de la voluntad que el individuo toxicómano tiene de controlar el consumo de droga, y por otro lado, a partir del sentido común que significa la “sobriedad” de la vida cotidiana. Con este respecto, el enfoque de Bateson permite entender a la adicción como una trampa de uso ordinario, es decir, como una trampa significativa que se expresa en la acción habitual que implica el consumo de droga.



Sin embargo, la alternancia dada entre la sobriedad y la embriaguez significa una intermitencia existencial en la experiencia del toxicómano. Esta intermitencia está dada por los intervalos que dicho individuo es susceptible de experimentar, esto es, según un determinismo sistémico expresado por la relación consumo/no consumo. No obstante, la prominencia del loop adictivo advierte que estos intervalos tienden a hacerse cada vez más estrechos y recurrentes, dada la retroalimentación y la reprogramación que el toxicómano hace de su acción adictiva. Es por ello que la adicción es sin más una trampa lógica.



En este sentido, hay que tomar en cuenta que el individuo toxicómano es incapaz de romper con la inercia de una lógica que ha retroalimentado y reprogramado activamente el hábito relacionado con el consumo que dicho individuo ha podido hacer de la droga. Dicha lógica no sólo significa una afectación orgánica que incrementa el consumo compulsivo y excesivo (una afectación corrosiva que puede llegar a ser mortal), ni sólo significa un cierre formal del circuito cibernético en su experiencia existencial (un cierre que reafirma la volición y la negación sistemática de la clase de problemas que la acción adictiva representa). Por demás, esta lógica significa también la destrucción parcial o total de la volición que da forma a su conciencia, mediante una cancelación indiferencial de la cibernética del sí mismo: esta es una cancelación que puede llegar ser definitiva).




Asimismo, hay que considerar también que esta lógica no sólo es más fuerte que la voluntad del individuo toxicómano, sino que además tiende intensificar los límites que le dan sentido a su existencia. Esto es decir que dicha lógica extrapola los umbrales que hacen vivible la experiencia de su ser-en-el-mundo. Esta extrapolación tiende a provocar el rompimiento de todas las premisas que configuran los saberes aprendidos que el toxicómano ha podido elaborar según su experiencia. Asimismo, este rompimiento es un rompimiento de todas las relaciones formales que dicho individuo ha podido entablar con el mundo social que le rodea. En términos del enfoque sistémico de Bateson, este rompimiento constituye “la experiencia del doble vínculo”: esta experiencia es una experiencia total que puede presentarse instantáneamente en el fulgor de una vivencia particular, la cual polariza la percepción que el toxicómano tiene del mundo. Esta vivencia tiende a ser considerada negativamente como “una muerte psíquica”. Pero ¿qué implica la experiencia del doble vínculo, más allá de la oficialidad de estas consideraciones negativas?



Siguiendo el enfoque sistémico-formal de Bateson, la experiencia del doble vínculo refiere a que el mito de la acción volitiva es roto por un poder que formalmente es mayor, lo que es decir que el mito del yo es roto por el poder de la lógica sistémica que significa el entorno en el cual el individuo toxicómano se desarrolla como sistema biológico humano. Para Bateson, en la “sobriedad” de las formas cotidianas opera la estructuración de un dualismo cartesiano que tiende a oponer la mente y el cuerpo, es decir, que tiende a separar la voluntad consciente y el resto de la personalidad-en-el-mundo. Para Bateson, esta operación implica una mentalidad retrógrada que ve al mundo en términos de una serie de oposiciones que tienden a encadenarse sin tregua. Según su enfoque, la experiencia del doble vínculo es una vivencia que implica el rompimiento con una epistemología equivocada de la existencia: dicha vivencia simplifica un cambio que permite conocer lo que hace la personalidad-en-el-mundo, es decir, permite abrirse al mundo relacional y disposicional que la acción volitiva tiende a bloquear.



La experiencia del doble vínculo significa una conversión epistemológica de la existencia: es una secuencia diferencial que llega a implicar una reorganización bastante profunda y complementaria de aquello que se ha dado en llamar “carácter”. Una vez vivida, una vez que se ha sobrevivido a su fulgor y que se le ha podido experimentar sin perderse en su exigencia, la experiencia del doble vínculo implica una vía de escape que reduce la rigidez y el impacto de las contradicciones lógicas que se conforman en el mundo. Mediante esta experiencia, las premisas del hábito con las cuales el individuo interactúa en su entorno, es decir, las premisas cuya lógica pasa desapercibida a la conciencia (al funcionar en un nivel primario de la experiencia), quedan abiertas al cuestionamiento y al cambio. Esto significa que la experiencia del doble vínculo, sea cual fuere el modo de llegar a ella, hace que la existencia del individuo se libere formalmente de la servidumbre lógica de sus hábitos.



Para Bateson, esta experiencia permite que el individuo deje gradualmente de ponderar su persona a un tipo de aprendizaje que le permite percibir y actuar en términos de los “contextos de contextos”, es decir: permite que su persona deje de funcionar como un “argumento nodal de su experiencia”. En este sentido, la experiencia del doble vínculo puede ser vista como la experiencia de “la resolución de los contrarios”: experimentarla es peligroso en el sentido de que el experimentador puede quedarse en el “camino”, es decir, puede quedarse en una suerte de trance psicótico o esquizofrénico. No obstante, también puede suceder que quede imbricado por una despersonalización en la cual la proporcionalidad directa del deseo queda a cargo de la organización de su conducta.



Según Bateson, en el mejor de los casos, la resolución de los contrarios revela un mundo en el cual la personalidad individual se funde con todos los procesos relacionales de una vasta ecología de la mente, es decir, según una estética de “interacción cósmica”. Tal y como lo señala, algunos experimentadores se salvan de ser barridos por el “sentimiento oceánico” que implica la experiencia del doble vínculo, sobretodo, gracias a la capacidad de concentrarse en las minucias que le dan sentido a su vida, esto es, gracias a una capacidad en la cual cada detalle del universo se ve como proponiendo una visión del todo.



Mayo 2001
(actualizado para Filum ©®™)