10.9.05

Loop adictivo



En cuanto al consumo de drogas refiere, el enfoque de Bateson permite entender que la acción adictiva implica una contradicción lógica dada entre las premisas del hábito y la acción volitiva que ejerce el sistema biológico humano. Es por ello que el embrollo formal que significa a la acción adictiva, implica una trampa cotidiana que bloquea el proceso adaptativo que dicho sistema experimenta. Dado que refieren a la lógica del hábito que significa el consumo de droga, estas premisas están previamente programadas por el uso común que ese sistema ha hecho de la droga. Tales premisas son del orden cotidiano, en tanto que significan una alternancia dada entre la sobriedad y la embriaguez: una alternancia que tiende a reiterar crónicamente lo que sería “un problema de tipo lógico” que se manifiesta activamente en la interacción social que dicho sistema efectúa.



De entrada hay que tomar en cuenta que el problema de la reificación tiende a manifestarse característicamente en las valoraciones que el sistema biogico humano hace del consumo de droga. De ello se deduce que la droga no es “un alguien” con personalidad propia que pueda enunciarse sustantivamente: no es un objeto o una a cosa, sino que es el efecto en la percepción de un sistema biológico abierto a otros sistemas, es decir: la droga es el efecto de una serie programada de hábitos o de premisas lógicas que están insertadas en la trama diferencial de una diversidad de contextos sociales. En este sentido, el hecho de referir a las drogas, sea cual fuere el caso, no invoca nada en tanto la intercomunicación de las diferencias dadas entre ellas, esto es, entre las formas de su consumo específico y de sus diversos efectos. Por demás, el enfoque de Bateson permite entender que referir a la droga es remitirse a un género de síndromes transcontextuales que la lógica del hábito tiende a reificar al significar su experiencia.



Y es que la acción adictiva opera asimismo como una forma de deuteroaprendizaje. Esto significa que el sistema habituado al consumo de droga también es capaz de adquirir un saber aprendido a partir de esa acción, esto es, un saber que tiende a representarle cierto placer o alivio. En este sentido, el consumo de alguna droga significa el proceso de habituación a un efecto determinado que es ensayado y que se predispone, en tanto error programado, como una práctica recurrente y progresiva. Por ello, al considerar la producción genérica de los síndromes transcontextuales, se descubre también que la sobriedad de la vida cotidiana contiene un error sistémico y formal, lo que es decir que las formas cotidianas con las que el sistema habituado a la droga cuenta -sobretodo, para mantener su sobriedad-, de entrada contienen una patología funcional que impulsa a dicho sistema a la intoxicación. Esto es decir que la producción genérica de síndromes transcontextuales es prácticamente el factor que induce a un consumo recurrente y excesivo de drogas.



Según lo dicho, el enfoque de Bateson señala que la sobriedad de la vida cotidiana es precisamente lo que empuja al sistema biológico humano a habituarse al consumo de droga. De hecho, es la formalidad habitual de la vida cotidiana aquello que configura una serie de circunstancias lógicas que constituyen un primer paso hacia la intoxicación. Para Bateson, no es de esperarse que las formas cotidianas que tienen los sistemas toxicómanos para mantenerse sobrios, puedan servir para controlar la recurrencia al consumo de alguna droga. De manera que la sobriedad no parece ser algo inherente a los sistemas biológicos humanos, dado que la dimensión y la complejidad del sistema en el cual interactúan contiene un elemento formal asimilable en términos de una actividad adictiva.



De tal modo, Bateson plantea una lógica que propone una correlación inversa entre la sobriedad y la intoxicación: en esa correlación la intoxicación es una corrección lógica del sistema formal que implica la “sobriedad” de la vida cotidiana. Así pues, el consumo de droga se presenta como una actitud lógica que ocurre mediante una corrección intersubjetiva referida a ese error o esa patología socialmente aceptada. Esto significa que la prominencia de un entorno que implica una sobriedad errada o patológica, propicia en el sistema biológico humano una intoxicación acertada o lógica. Todo indica que el sistema habituado al consumo de droga entabla un escape formal contra las propias premisas que lo vinculan a su hábito, las cuales no dejan de ser reforzadas por la sociedad circundante.



Sin embargo, en ese escape formal, lo que activa la contraposición dada entre las premisas lógicas del hábito (es decir, la premisas lógicas referidas al consumo de droga) y la acción volitiva, es la necesidad que el sistema toxicómano tiene de controlar la lógica de la acción referida a la droga. Esta necesidad de control implica “detener volitivamente” un hábito cuya lógica está constantemente reforzada por las formas cotidianas del entorno social. De tal forma que la acción volitiva, al querer interrumpir la trama secuencial que la acción del consumo de droga ha programado rígidamente, no puede sino reforzar la lógica que genera dicha contraposición, es decir, reafirma una lógica que no sólo se ha proporcionado a una serie de hábitos que formalizan la recurrencia al consumo de droga, sino que a la vez refuerza una lógica que se dedica a retroalimentar (re)activamente su pretensión de control.



Por lo tanto, la acción adictiva implica una suerte de “loop lógico” que acontece en la existencia del sistema habituado a la droga, sobretodo, cuando su volición pretende llevar un control activo de su consumo. Lo que hace característico a este loop formal de la existencia es el reforzamiento de la acción volitiva y la retroalimentación de la acción adictiva. Y es que la acción volitiva implica el cierre del circuito diferencial de la cibernética del sí mismo: dicho cierre significa una retroalimentación que reafirma la volición y la negación sistemática de la clase de problemas que representan la inercia de la acción adictiva. Por dicho cierre, el sistema toxicómano es incapaz de darse cuenta de que su voluntad retroalimenta y reprograma puntualmente la recurrencia al consumo de droga, y esta incapacidad significa sin más la prominencia de una alternancia dada entre la sobriedad y la embriaguez, una alternancia cuya intermitencia tiende a hacerse cada vez más crónica.(→)



Mayo 2001
(actualizado para Filum ©®™)