22.12.05

Divisoria de aguas




Mientras estudiaba las Cartografías esquizoanalíticas de Félix Guattari, pude comprender la expresión “Divisoria de aguas”. Aunque Guattari jamás se refirió a tal expresión, el sueño de la revolución molecular se hizo patente. A decir de Toni Negri –amigo entrañable de Guattari-, una “Divisoria de aguas” era la expresión que significaba el fin de la dominación ejercida por una constelación de fuerzas, y el comienzo de la dominación ejercida por otra. No había duda de que la expresión era útil para comprender la vivacidad guattariana que implicaba la liberación colectiva del deseo. No obstante, la expresión cumplía sin sospecharlo su propia función metamodelizadora. Así pues, asimilando transversalmente la idea de la revolución molecular de Mayo del 68, las palabras de Guattari fluían con libertad en mi cabeza al tiempo que tronaban en mi mente…


Esa noche soñé con una multitud de jóvenes que convivían en una explanada abierta. Muchos de ellos eran de piel morena y se agitaban al son de una música que tenía todo tipo de interferencias. Por supuesto, esas interferencias promovían un desconcierto generalizado. No obstante, si se alzaba la vista se podía ver una serie de lagos, valles y ríos, que estaban dispuestos apaciblemente alrededor de la explanada. Yo estaba ahí con mis amigos, y podía ver sin problemas esos lagos y ríos. De pronto, al mirar un lago grande y extendido, pude ver cómo éste se sacudía y cómo salía de él una Gran Ola que amenazaba con desbordarse. Al ver eso sentí un sobresalto que se iba incrementando conforme la Gran Ola se abalanzaba sobre la explanada. Por si fuera poco, descubría que todos los lagos y ríos a su rededor igualmente se exaltaban y se dirigían hacia donde estábamos.


El desbordamiento era inminente, la multitud se empezó a descontrolar, y muchos empezaron a correr hacia todas partes. Mientras el agua penetraba ferozmente en la explanada, también se desbordaban multitudinariamente los gritos y tumultos. Yo veía a todos los jóvenes asustados, pero su miedo era tan preocupante como el propio desbordamiento. Extrañamente, al ver que el agua se vertía por todos lados, algo me decía que no había nada que temer. De algún modo tenía la confianza de que el desbordamiento no era algo tan maléfico como parecía, y algo me decía que era un suceso que acaso podría refrescar un poco el ambiente. Pero muchos no lo veían de esa manera, sólo corrían y gritaban. Parecía que ellos mismos se desbordaban ante la amenazante marejada. Otros se quedaban donde estaban, y se abrazaban petrificados. A pesar de que por un instante pensé en correr como todos los demás lo hacían, algo me hizo tener confianza. En realidad, lo que me preocupaba era que todos estuvieran aterrorizados.


Con todo su cauce, la marejada aplastaba a todos los jóvenes que estaban frente a mí, al tiempo que se dirigía hacia donde yo me encontraba. Justo cuando la Gran Ola estaba apunto de arrastrarme, no pude más que quedarme de pie y contemplarla de frente. En ese momento, cuando todo parecía irreversible, descubrí que la marea había arrasado el deseo de los jóvenes, y entonces una fuerza se apoderó de mí. Esa fuerza levantó un enorme dique de concreto que salía de mis pies: era una muralla de piedra que partía justamente de donde yo estaba, que se extendía hasta el final de la explanada, y que contenía el cauce del agua haciéndola surcar por toda la periferia. La muralla se había levantado conmigo y yo me había levantado con la muralla. En ese momento, me sentía como un gigante cuyos zapatos apenas eran mojados por un ligero oleaje. Al bajar la corriente, la explanada se encontraba renovada y llena de júbilo: todos nadaban y se refrescaban al son de una música llena de concierto, y estaba yo como todos: lleno de contento.


Una pareja que estaba próxima a mí sonrió al salir de su petrificación. Al sonreírles me pasaron de largo, y se arrojaron con júbilo a través de la muralla, cruzándola de lado a lado, literalmente abrazados, justo como si fueran un fluido de moléculas semejante al agua. La pareja se había convertido en un fluido capaz de traspasar la muralla, un fluido cuya naturaleza era distinta a la del agua que permanecía contenida. Así pues, los miré pasar de un lado a otro: juntos y abrazados, como quién se tira alegremente por un tobogán…


Después de este sueño, la idea que tenía de la revolución surcaba otro horizonte y se abría a un nuevo y flamante plano. Entonces sobrevino una toma de consistencia que cantaría por una onírica guattariana, según esta consigna:

¡Moléculas del mundo, fluíd!


Soñado por:

Abril 2004
(actualizado para Filum ©®™)