9.12.05

El sujeto de poder foucaultiano



Para Michel Foucault, estudiar al poder es establecer cómo se determinan los procesos de subjetivación en la sociedad, sobretodo, a partir de los modos de objetivación que transforman al individuo en sujeto. De tal forma, referirse al poder es introducirse al ¿cómo se ejerce? de unas personas sobre otras, diferenciando el poder que remite a aptitudes directamente incorporadas o mediatizadas por instrumentos o cosas. Para Foucault, el poder del Estado es una metáfora represiva del sujeto: una metáfora que no existe sino como un conjunto de relaciones de fuerzas ejercidas de hombre a hombre. En ese sentido, el poder del Estado puede entenderse como un conjunto de relaciones de fuerzas inmanentes y de estrategias históricamente instauradas. No obstante, al considerar que las relaciones de poder sólo se ejercen de hombre a hombre, es decir, al considerar que son relaciones que no existen más que en acto, Foucault descubre que el poder es una fuerza que se ejerce en la acción entre los cuerpos, de un cuerpo a otro, y del cuerpo en sí. Según Foucault, esta fuerza remite a la sexualidad en tanto que es una fuerza inherente al individuo, esto es, una fuerza directamente relacionada con los saberes del cuerpo. Desde esta perspectiva, la sexualidad es una fuerza que determina las relaciones entre el saber y el discurso, una fuerza más allá del acto sexual concreto que puede comprenderse entre la moral y la práctica de sí.


Según Foucault, la sexualidad está determinada socialmente a través de la transmisión de valores y reglas de acción propuestas a los individuos, es decir, a través de una serie de códigos morales y de formas de representar el conocimiento de los saberes del cuerpo. En ese sentido, la determinación de la sustancia ética es para Foucault la manera en que el individuo puede dar forma a tal o cual parte de sí, como materia principal de su conducta moral. Esta determinación establece diversos tipos de códigos respecto a las diferencias que llevan a los individuos a un modo de sujeción propio: un modo de sujeción que se configura con reglas y valores de acción. Además, estas diferencias se distinguen por la elaboración de un trabajo ético que el individuo es susceptible de realizar de sí mismo, sobretodo, para transformarse en el sujeto moral de su conducta. Por dicha razón, Foucault expone una dietética de la sexualidad que se relaciona con la salud del cuerpo: una dietética en la cual el individuo se concilia con una serie de regímenes de control de los placeres que debe dominar, en función de estar al tanto de los riesgos y de los peligros en los usos de su cuerpo (sea en el ejercicio de su corporalidad como técnica de existencia, sea en la aplicación precautoria de su propia salud).


No obstante, la analítica de los modos de objetivación del poder conlleva abordar las condiciones históricas que describen los distintos tipos de realidad y que motivan una posible conceptualización crítica del poder. Los tipos de realidad no sólo refieren a una cuestión teórica, sino que forman parte de la experiencia de la objetivación del sujeto, en tanto que dan cuenta de las formas patológicas o enfermedades del poder. Foucault enfatiza el hecho de que estudiar las relaciones de poder implica considerar las formas de resistencia contra los diferentes tipos de poder, a través del enfrentamiento estratégico y de los intentos que los individuos hacen para disociar esas relaciones. Foucault descubre que las luchas contra la autoridad de determinado modo de objetivación del poder son luchas transversales que no se limitan a una sola forma de gobierno o autoridad particular, sino que su objetivo primordial son los efectos de poder ejercidos sobre los cuerpos. La efectuación de estas luchas cuestiona el status del individuo en tanto se resiste al poder ejercido: son luchas que sostienen y contraponen un discurso referente al derecho de ser diferente: son luchas que contraatacan todo lo que tiende a aislar subjetivamente al individuo.



Por esa razón, Foucault considera que estas luchas son luchas contra el gobierno de la individualización: luchas que se oponen a los efectos de poder vinculados directamente con el saber, la competencia y la calificación; luchas contra los privilegios del saber expresadas en los modos por los cuales el saber circula y funciona; luchas que rechazan tanto la violencia de un discurso que ignora quién es el sujeto como individuo, como lo que para el individuo se presenta como una inquisición científico-administrativa que pretende determinarlo como sujeto. De tal manera, el objetivo de estas luchas no se concreta en combatir las instituciones de poder, ni los grupos, la elite o la clase social detentada en él, sino se concreta en las técnicas aplicadas del poder: en las formas de poder que determinan las relaciones de saber correspondientes al individuo, es decir, las relaciones que objetivan al individuo como sujeto.


Foucault ofrece una serie de coordenadas para identificar las técnicas aplicadas del poder que objetivan a los individuos: señala que el poder del Estado es una forma de poder individualizadora a la vez que totalizadora. Para Foucault, el poder del Estado es una forma que implica una combinación compleja en el interior de las estructuras políticas: una forma que configura un discurso referido a las técnicas de individualización y a los procedimientos represivos de totalización. El Estado moderno surge entonces como una entidad que ha podido desarrollar una estructura discursiva sofisticada que se integra al individuo condicionando su individualidad, sobretodo, en función de imprimirle determinada forma de subjetivización y de incorporarle nuevas formas de sujeción y sometimiento. Para Foucault, el poder del Estado es ante todo una doble atadura política que expresa las pretensiones individualizantes y totalizantes concernientes a la objetivación de los individuos. Esta doble atadura resulta una estrategia subjetivante que genera una serie de prácticas que confirman los modos de objetivación del Estado. En este sentido, Foucault señala que es imperioso librarse de la individualización impuesta por el Estado, en función de una construcción ética del sí mismo: una construcción abierta a nuevas formas de subjetividad y de autonomía:


"Sin duda el objetivo principal en estos días no es descubrir lo que somos, sino rechazar lo que somos. Tenemos que imaginar y construir lo que podríamos ser para librarnos de este tipo de doble atadura política, que consiste en la simultánea individualización y totalización de las estructuras del poder moderno...

Podría decirse, como conclusión, que el problema político, ético, social y filosófico de nuestros días no consiste en tratar de liberar al individuo del Estado, y de las instituciones del Estado, sino liberarnos del Estado y del tipo de individualización vinculada con él. Debemos fomentar nuevas formas de subjetividad mediante el rechazo del tipo de individualidad que se nos ha impuesto durante varios siglos..."



Blogueado por:

Marzo 2001
(actualizado para Filum ©®™)