7.1.06

Sobre la facultad de imaginar al Imperio (I)

“Nuestro trabajo fue ante todo un trabajo de esclarecimiento lingüístico”
Toni Negri

Muchas de las críticas dirigidas al libro Empire sufrieron una miopía teórica producto de las presunciones de un seudo intelectualismo ideológicamente corrosivo. Esta miopía partió de una lectura técnica que daría paso a una serie de invectivas que sólo dejaron ver la falta de ética profesional de quien las esgrimía. La mayoría de esas críticas eran el resultado de una lectura hecha al vapor que no solamente perdía de vista lo que el libro en su momento sugería, sino que matizaba la politiquería ramplona de algunos ideólogos comentadores de oficio. Por desgracia, esta forma poco sosegada de producción seudo-intelectual es harto prolífica y sigue justificando un polular ininterrumpido de críticas útiles sólo para saturar los circuitos de información. En este caso, tales críticas impidieron la apertura inteligente de lo que la obra de Michael Hardt y Toni Negri invita a reflexionar. Y es que para comprender el enfoque del libro Empire, resulta menester estar abierto a las conceptualizaciones que dicha obra condensa, sobretodo, dejando de lado las exigencias de los hechos concretos y de los datos fehacientes a quienes se resisten a ser receptivos en sus formas de apropiación, a quienes entablan un mecanismo defensivo de interpretación encarrilada por la impotencia, y a quienes son incapaces de incluir la facultad de imaginar las perspectivas de sentido implícitas en esa obra. Siguiendo este sesgo, Empire resulta un experimento intelectual que ofrece una perspectiva político-filosófica que no apela solamente a la razón, sino también a la imaginación como una facultad ontológica sensible al conocimiento y a sus formas de aproximación política.


No cabe duda que es impetuosa la intención que Hardt & Negri logran imprimir en su libro, al querer disolver conceptualmente las fuertes separaciones que rigen al planeta: separaciones que lo dividen en Estados-nación del Primero, Segundo y Tercer Mundo. En este sentido, lo que H&N definen como Imperio ha de ser entendido a partir de una concepción prioritariamente política acuñada por Deleuze y por Guattari: la concepción de “espacio liso”. En la obra de Empire, la idea de “espacio liso” no sólo implica un aplanamiento de las separaciones capitalistas que rigen económicamente al mundo, sino también implica una performatividad que se define a lo largo de libro. Por dicha razón, la imagen de un “arcoíris imperial global” no es una metáfora gratuita, ya que no sólo se dedica a prefigurar la idea del Imperio como un aplanamiento de las jerarquías de los poderes internacionales, sino que además se abre a una subjetividad que implica el despojo paulatino de la rigidez ontológica que dicha jerarquización significa. Sin duda, esta es una primera apelación a la facultad de imaginar el Imperio: una apelación que tiene el mérito de evitar cualquier presunción negativa en la conceptualización de su sentido. Así pues, la intencionalidad de H&N alude a un quehacer positivo rastreable en las acepciones que se definen mediante el concepto de Imperio. Dicha intencionalidad es también un performance conceptual que va del “espacio estriado” representado por la jerarquización de los poderes internacionales, al “espacio liso” de un nuevo orden mundial cuya subjetivación hace posible su aplanamiento.


Siguiendo esta idea, H&N consideran que los ciclos sistémicos de acumulación capitalista son demasiados largos, y que están regidos por una evolución que impide conceptualizar una ruptura histórica capaz de dar cauce tanto a los fluidos del capital como a las migraciones de trabajo dadas entre el norte y el sur del planeta. Para ellos, esta es una ruptura que se abre por los mecanismos de la globalización: una ruptura que resulta indispensable para la liberación de la multitud -es decir, indispensable para cumplir sus condiciones de existencia-. La intención de H&N es proponer una reestructuración histórica que permita abrir una brecha que precipite tanto los movimientos norte-sur del capital, como las migraciones sur-norte del trabajo: aducen que la idea de los ciclos sistémicos de acumulación capitalista oscurece la fuerza de las luchas de clase que dan paso al Imperio, dado que dichos ciclos son presentados históricamente como demasiado “largos”. Para H&N, la fuerza de las luchas de clase es el motor que impulsa las transformaciones del imperialismo hacia la constitución y emergencia del Imperio: en otras palabras, la fuerza de las luchas de clase es el motor que impulsa las transformaciones de los Estado-nación hacia una política global del mercado. Según H&N, se requiere incidir creativamente en la conformación de una subjetividad colectiva asible a las formas de ser y de vivir socialmente en la actualidad, para que operen mecanismos ontológicos a favor de una conceptualización que signifique una ruptura histórica capaz de darle otro cauce a los fluidos del capital y a las migraciones de trabajo.


Resulta que la teoría de los ciclos sistémicos de acumulación capitalista estima el cambio social en un periodo de tiempo tan largo que es insuficiente para que los movimientos obreros y sociales contemporáneos lo puedan siquiera conceptualizar. En esos términos, la evolución capitalista hacia el Imperio resulta tan distante en la historia que impide imaginar colectivamente una ciudadanía global constitutiva de un nuevo orden económico y social. Así pues, la teoría de los ciclos sistémicos de acumulación capitalista termina por ser un enfoque que cancela subjetivamente la apelación facultativa necesaria para la constitución del Imperio, ya que no sólo desinfla prácticamente toda subjetividad respecto a la movilización espacial de la multitud, sino que excluye la posibilidad de que sucedan acontecimientos a gran escala que irrumpan en la historia mundial, es decir que excluye la posibilidad de que se den cambios de orden global capaces de propiciar la constitución del Imperio.


De tal forma, suponer que no existe en el cambio social una equivalencia histórica entre las contradicciones estructurales del modo de producción y los conflictos reales que surgen por los antagonismos sociales que dichas contradicciones generan (o suponer incluso que el cambio social es producto de una maduración de factores económicos, políticos y estructurales que permiten que las clases explotadas puedan irrumpir en algún momento dado), equivale a dejar escapar los aspectos teórico-prácticos que explican las condiciones subjetivas inherentes a la explotación, así como equivale a pensar que el deseo de liberación de las masas trabajadoras es el fruto de su constitución de clase y no el producto innegable de su fuerza colectiva/constituyente. Contra la obsolescencia de estas suposiciones, H&N señalan que los aspectos teórico-prácticos que explican las condiciones subjetivas inherentes a la explotación implican una relación inmanente dada entre la constitución del Imperio y el deseo de liberación de la multitud.


Así pues, el Imperio no se despliega por una teoría subjetivista en la cual la multitud sería un sujeto misterioso y fantasmal, o un sujeto que resulta irreal al no estar determinado por una representación social y política. H&N hacen prominentes las diferencias marcadas entre el pueblo y la multitud, en función de delimitar la disociación de una representación partidista como la que históricamente llevaría a los países del nacional-socialismo a adoptar los horrores del fascismo. Esa disociación no significa que el concepto de multitud esté vacío y sea portador de un sujeto irreal, por el contrario: el énfasis que H&N imprimen a la noción de multitud logra negar la posición objetiva de un sujeto histórico que intentaría ocupar un lugar en el modo de producción capitalista, es decir, la noción de multitud logra negar a un sujeto partidista identificable colectivamente como objeto de las contradicciones estructurales capitalistas. Por tanto, el hecho de que la multitud no sea un sujeto determinable empíricamente por una representación política y partidista, no significa que la fortaleza del sujeto histórico que ella conceptualiza quede despojada de su singularidad, de su deseo colectivo, y de su capacidad autónoma de trabajo. A este respecto, H&N siguen la idea de que la baja representación partidaria y sindical implica el fortalecimiento subjetivo que el concepto de multitud logra promover, lo que es decir que el poder de la clase trabajadora no reside más en las instituciones que lo representan, sino en su fuerza antagonista y en su incuestionable autonomía.


El enfoque de H&N descubre que pensar al Imperio como el sistema imperialista en su fase actual, es cerrarse a la facultad de imaginar creativamente la constitución de un nuevo orden mundial que equivale al aplanamiento de las jerarquías que dividen económicamente a los Estados-nación del planeta. En ese sentido, pensar al Imperio como el sistema imperialista implica estriar subjetivamente el alisado objetivo que define y despliega la constitución política del Imperio. De tal modo, considerar al Imperio como un sistema imperialista implica una visión anacrónica de la historia colonial-nacional del capital, implica una visión que remite a una producción de objetividad hoy en día retrógrada para suscitar materialmente algún cambio. Esta es una producción de objetividad que sólo es útil para encarrilar al mundo hacia un vaciamiento total de la potencia colectiva de actuar. No obstante, pensar al Imperio a partir del enfoque ontológico de H&N, implica una visión que arranca el presente y precipita un futuro plausible en la historia global del capital: implica una visión que remite a una producción de subjetividad hoy en día necesaria y urgente para suscitar (material e inmaterialmente) un cambio colectivo y singular a favor de esa historia. Como H&N lo exponen, esta es una producción subjetiva de movilidad positiva que se libera de la opresión que tradicionalmente ha impedido el fluir del deseo de la multitud. En este sentido, para H&N, el Imperio implica una transición que significa la terminación del imperialismo como tal. (→)



Marzo 2004
(Parte I actualizada para Filum ©®™)